Historia de Villarejo

Que viene el lobo

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Hace unos días me llegó un mensaje de mi amigo el historiador Jesús A. de la Torre. Me pedía que buscase la partida de enterramiento de Nicolás García Rico. Había encontrado en dos periódicos de 1847, El Clamor y El Popular, sendas reseñas sobre un ataque de lobo a un pastor en Villarejo de Salvanés. Parece ser que el animal fue abatido al día siguiente y que el juzgado de Chinchón estaba investigando el caso.

Primero recordé que aquí cerca, en Valdaracete, hay un paraje que llaman “barranco de los lobos”, recuerdo sin duda de la existencia de estos depredadores en esta zona. Luego, me vinieron a la memoria varias historias. La primera que en bachillerato, hace ya veinticinco años, manejamos un censo de finales del XIX en el que se decía que por las Alcarrias de Chinchón merodeaban dos parejas de lobos. Muy anterior a esta fecha, 1561, fue la decisión de talar el bosque que había entre Villaconejos y Colmenar a causa de unos lobos que allí se escondían y hacían estragos.

Dos relatos precisamente contemporáneos de los hechos de Villarejo -mediados del siglo XIX- vinieron también a mi cabeza. El de D. Saturnino López Novoa, que cuenta en sus apuntes, como siendo seminarista en Sigüenza una noche cerrada se perdió de regreso a la ciudad y vio al otro lado del valle por el que transitaba como una fila de candiles que se movían: era una manada de lobos. Sintió el peligro, paró su yegua y se bajó de ella, esperando que pasasen de largo. Cuando lo hicieron, lleno de miedo, apretó la cincha de la cabalgadura y se aprestó a entrar en la población que se divisaba en el horizonte.

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La otra historia es controvertida: el hallazgo en medio de la nieve, por la misma época, del cuerpo de dos guardias civiles devorados por los lobos y rodeados de cadáveres de estos en un pueblo de León. Hoy se habla de que esta noticia fue falsa o aumentada por los medios de la época.

El caso es que lo de este vecino de Villarejo parecía una película de terror. Me puse a preguntar a los mayores sin poder hacer mayores pesquisas. ¡Hace casi doscientos años! Pero al buscar en el archivo parroquial encontré enseguida el acta de enterramiento en el Libro de defunciones XII, pág. 111. Lo transcribo:

«Como Cura propio de la Iglesia Parroquial del Señor San Andrés Apóstol de esta villa de Villarejo de Salvanés, provincia de Madrid, Arzobispado de Toledo, mandé dar sepultura en el día de la fecha al cadáver de Nicolás García Rico, natural de esta villa, oficio pastor, su estado casado Luisa Villa, también natural de esta villa, hijo de Gabriel García Rico, natural de Santa Cruz de la Zarza, y de Inés Martínez Honrrubia de esta villa; que murió en la noche pasada veinte y ocho de junio en el campo despedazado por un lobo de (sic) sobrevivió pocas horas según certificación de los facultativos. Siendo testigos de la muerte José Domingo, Manuel Domingo y el hijo del difunto Primitivo García Rico. Por ser verdad lo firmo. Villarejo de Salvanés y junio veinte y nueve de mil ochocientos cuarenta y siete. D. Cristóbal Martínez Zapata (29 de junio de 1847)».

Sorpresas que encierran los libros parroquiales. Una página más de nuestra historia local.

Como curiosidad adjuntamos esta imagen del Reglamento de 3 de julio de 1903 sobre Caza, donde vemos como se gratificaba económicamente la caza de lobos, "aves de rapiña" e incluso gatos monteses o lince, todos considerados animales perjudiciales en la época. La recompensa que se pagaba por ejemplo por el abatimiento de un lobo era de 15 ptas, una cantidad desde luego nada desdeñable, que podría ser equivalente a más de 1.000€ actualmente.

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Adjuntamos también este artículo de la revista Jara y Sedal donde se menciona y se explica dicho reglamento.

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