Senderismo cultural

Galerías de piedra en Colmenar de Oreja

Recorrido: 15,700 Km         23/02/2020

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De izquierda a derecha y de arriba abajo: Gema, Galo, Luis Miguel, Fernando Olivas, Curro, Rafael, Jesús León, Jandri, Bárbara, Eugenio Hernández, Juan, Paloma García, Ángel García, Jesús Toloba y Ángel Velasco.

Fotografía: Rosa Lazareno.

La violenta borrasca “Gloria “casi catalogada como huracán, ha sido la gran protagonista negativa en nuestra piel de toro, desplegando sin piedad sus tres principales elementos. Agua, nieve y granizo, causaron graves destrozos materiales en las comunidades limítrofes del Mediterráneo, engullendo gran parte del delta del río Ebro, haciendo desaparecer playas, y lo que es peor, con trece personas fallecidas, además de las tres desaparecidas en Cataluña y una en Islas Baleares.

El grupo esperaba con expectación la retirada de este fenómeno atmosférico que en su huída por la Andalucía baja, se había despedido con una tormenta fortísima de granizo en la provincia de Málaga e incluso amenazaba con darse una vuelta por el interior.

La mañana en Colmenar de Oreja se presentó incierta, con un cielo envuelto en una neblina fría que al no ser de irradiación hacía aventurar que pronto levantaría para obsequiarnos con una jornada brillante.

Dieciséis senderistas nos reunimos en el sitio de costumbre entre los que repetían por segunda vez Bárbara y Juan de Villarejo de Salvanés. Notábamos la ausencia prolongada de Paco Hazas, Paco” Frasquel” y las tradicionales de Aranjuez, Isabel y Reme, al igual que a Damián, distanciado por su trabajo en Cáceres. Numerar otras ausencias sería muy extenso, así que mis recuerdos para tod@s.

image012 minSin más prefacios y después de la fotografía efectuada por Rosa Lazareno nos tutelamos hacia el interior de la población en dirección a la Plaza Mayor, con la indicación de Rafael sobre algún punto de la ruta que iríamos cambiando según se viera el estado del terreno. Salimos de la Plaza Mayor por la puerta de Castillo para tomar el mismo itinerario de la tradicional llevada del Cristo a su ermita. En nuestro deambular por el paseo, una simpática ardilla se encaramó zigzagueando a toda velocidad por el tronco de uno de los árboles del recorrido con esa ligereza que las caracteriza.

A mitad del camino hacia la ermita alcanzamos el puente del Pilarejo, distinguiendo su fuente homónima de escaso caudal que en su pasado abastecía a los vecinos del Barrio de La Espartería. Sus dos caños daban tan poca agua que apenas era suficiente para beber los animales que allí abrevaban. Sin embargo, su pilón es bastante espacioso. El agua del caño izquierdo era el más copioso, pero de peor calidad y viene rodada por galería de piedras puestas a mano y rellenadas con ripios. El agua del caño derecho, escasa y de mejor calidad, viene por un canalillo de piedra cubierto que discurre a media ladera del cerrete derecho. Se ignora la fecha de su construcción y por el año 1950 se restauró totalmente el muro del fondo. Ahora, apenas mana agua de ninguno de los dos caños.image013 min

Llegados a la Ermita del Cristo, preferimos por su parte posterior el camino que, desde aquí, empieza a llamarse Senda Ecológica de la Vereda del Cristo. Iniciamos una pequeña subida, al amparo de la tapia del cementerio privado y desde lo más alto, descendimos al Hondillo, para volver a remontar a los inicios del paraje de Las Cruces hasta que llegamos a la carretera de Colmenar de Oreja a Villarrubia de Santiago. Cruzamos la carretera en los aledaños de la “Finca del Honorio” y nos ordenamos por un ramal a la izquierda, falseando un llano, hasta apropiarnos del camino en su bajada pedregosa al Manantial de las Rosas, popularmente conocido como la Fuente de Valdegredero.

image016 minDejamos por nuestra derecha la fuente del sempiterno manadero y enfilamos por la izquierda del camino principal con una subida hacia el Mirador de la Vereda del Cristo, cuyo enclave vigilan cuatro pinos carrasqueños.

Rebasado el mirador por su derecha, guiamos nuestros pasos por la variante de la Senda Ecológica de la Vereda del Cristo con atención preferente a la huella por su quebradizo piso de arcilla descubierta y que, debido fundamentalmente a las heladas y lluvias recientes, presentaba un formato resbaladizo y peligroso para los intereses del andarín. Afortunadamente, la pendiente no produjo incidentes ni despertamos a las liebres de sus camas.

image017 minCruzamos el arroyo de Valdepinar y afrontamos una subida fuerte, como corresponde a cualquier ruta que se precie, hasta desembocar en el camino comunicante de las dos fuentes del pinar, dejando definitivamente la senda estrecha de la Vereda del Cristo. Se hizo un descanso ligero para refrescar jadeantes gargantas y Rafael aprovechó para comentar mis preferencias por esta zona de Valdepinar.

 

Ensamblamos con el camino principal que subía del Apretón de Villa y nos orientamos en dirección a la fuente de Valdepinar para buscar un camino secundario que nos llevaría en suave subida a las inmediaciones del paraje del Llano del Encinar. Pasos más tarde, atrochamos por un senderillo conducente a una pequeña planicie en las que se encuentran unas cuevas excavadas a pico sobre una de las laderas del pinar. Unas y otros se introducían en los interines de las cuevas mientras yo montaba guardia en la entrada, habida cuenta de mi claustrofobia en los espacios cerrados. Las caras risueñas a la salida denotaban satisfacción por la inspección.

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Perpetrada la transición por esas galerías de antiguas explotaciones de piedra de Colmenar, dedicamos unos momentos a la contemplación del paisaje desde la plataforma contigua. Bárbara comentaba que en Villarejo no tenían estos miradores y Paloma estaba contenta por su próximo viaje a la Costa africana en su versión marroquí, con protagonistas como el Cabo Espartel, Tánger o Larache, viejos conocidos de otra visita anterior. Gema Marcos le había tomado cariño a la cachaba de Rafael y no se separaba de ella.

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Continuamos por el senderillo que traíamos y al poco rato, Paloma requería mis conocimientos sobre una especie rarísima que destacaba sobre un tocón de pino. ¿Se puede tocar esta seta? ¿Cómo se llama? Como tocar, claro que se puede, aunque es preferible contemplarla por lo vistosa que es. Se trata de un ejemplar llamado Phaeolus schweinitzii de nombre común Políporo tintado o Políporo esponjoso que suele aparecer en las coníferas, en este caso en pino carrasco, aunque no en abundancia. Particularmente en este pinar es el primer ejemplar que veo. Rosa Lazareno acudía a fotografiarlo y perdíamos comba con el grupo de cabeza.

El aprendiz de camino conectaba con el camino principal de Valdepinar y al rato, nos entretuvimos en otro paraje emblemático al que se conoce como Peñas Rubias un cortado con farallones de quince metros de altura desde el que contempla una amplia panorámica de la otra vertiente del pinar.

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El camino volvía a entremezclarse entre los pinos y en un claro se abría otro mirador en el que el grupo se recreaba con el vuelo de dos parejas de buitres mientras esperaba nuestro enlace. Rosa y yo tratamos de tomar esa exposición y ella acertó con un video corto donde se contemplaba el vuelo majestuoso de las gigantescas aves escudriñando el espacio forestal, en busca de su alimento cotidiano.

Salíamos del pinar, hacia el Llano del Encinar y volvíamos a tocarlo por nuestra derecha, dejándolo concluyentemente a la altura de la cantera del Pocillo Villa, donde efectuamos la parada obligatoria de reposiciones y alivios. La cantera en cuestión fue trabajada por el padre de nuestro compañero Paco Hazas y otro amigo en común, Andrés Cámara.

Cada cuál saco su aperitivo y una vez finiquitado, rodeamos la cantera por su izquierda, encontrando a un par de cazadores conocidos en las personas de Paulino Benavente y el pequeño de sus hijos que consumían el último día de la temporada de caza.

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Volvíamos al camino recorrido minutos antes otra vez hacia el pinar, relacionando con otro camino menor para ir al encuentro del camino principal del Llano del Encinar. De este modo, evitaríamos circular por otro más embarrado en nuestra aproximación a la Fuente de Valdepinar.

image036 minA instancias mías, Rosa fotografió este ejemplar de Alhelí silvestre (Matthiola fruticulosa), una de las primeras florecillas silvestres que empiezan a despuntar en la estación invernal.

Dos chozos pequeños conservados pasaron desapercibidos por este camino principal y es de agradecidos, homenajear su dimensión reducida.

Finalmente, llegados a los aledaños de la Fuente de Valdepinar Rafael cambió de nuevo el trazado de la ruta y encaminamos hacia la Fuente de Valdepinar de arriba para quitar barro molesto, además de ganar seguridad, al no tener que circular por la carretera de Colmenar a Villamanrique. Por la trocha consiguiente, llegamos a los quince boliches y de ahí por el camino de la Roza entramos a la localidad colmenareta.

Enlace al PDF original de esta ruta

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El invierno abona la tierra para que la primavera nos regale sus flores

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