Pagina Abierta

Carne de cañón

AnimeEsta pandemia que padecemos puede ser por la generación espontánea de un virus, si tal generación es posible. También puede ser una reacción de la naturaleza harta de que los hombres la vapuleen (no sería tan extraño). Podría ser que se deba a un escape involuntario del virus de algún laboratorio de secretas y peligrosas investigaciones o de otro en el que buscando soluciones sanitarias, las cosas se hayan torcido. También podría tratarse, antecedentes hay y no debe ser descartado, que haya sido creado y liberado expresamente con alguna aviesa intención.

En cualquier caso, como la primavera —y además coincidiendo con ella—, el covid 19 ha venido y nadie sabe cómo ha sido. O mejor: alguien debe saber cómo ha sido y se lo tiene callado el muy puñetero. En todo caso, aquí lo tenemos, haciendo de las suyas y proporcionándonos toda clase de disgustos.

Pero hay ciertas características que personalmente me preocupan, o me ocupan al menos, y sobre las que me gustaría que reflexionásemos juntos.

Desde tiempos primitivos, los problemas del exceso de población y la falta de recursos, se han solucionado manu militari, fuera en pequeños territorios o de forma más global como en la violenta primera parte del siglo XX. Desde entonces hasta aquí, sólo guerras menores, terribles pero menores, que no aportan equilibrio demográfico sino ganancias económicas para unos cuantos.

¿Cuál es el equivalente de los conflictos bélicos reguladores en la actualidad? las pandemias. Y no regulan del todo porque el mismo resorte con el que nacen se enfrenta al inmenso negocio que para algunos supone ponerles coto: Es relativamente barato sacar un virus a escena y muy costoso ponerle coto, aunque tremendamente rentable fabricando vacunas (si no lo estaban ya antes) y vendiéndole al acongojado planeta, remedios medicinales, recursos técnicos y esperanzas de solución.

Se ha dicho que el virus actual ataca a cualquiera y no conoce fronteras ni clases sociales, pero también es cierto que, salvadas las excepciones de algunos prebostes contagiados —cuando estos líos se desatan, los daños colaterales son impredecibles—, los más perjudicados son, como siempre, los que menos tienen, los más indefensos, las clases menos productivas en una palabra. Véase lo que ocurre en la actualidad con el mayor grado de virulencia entre las personas mayores y débiles.

Esa broma morbosa que corre por ahí diciendo que no saben cómo librarse de tanta gente como hay viviendo de las pensiones no es tan disparatada. Recuérdese el "Informe sobre la Estabilidad Financiera Mundial" (GFSR) de 2012, donde se indica expresamente: "Las implicaciones financieras de que la gente viva más de los esperado (el llamado riesgo de longevidad) son muy grandes. Si el promedio de vida aumentara para el año 2050 tres años más de lo previsto hoy, los costos del envejecimiento —que ya son enormes— aumentarían 50%" y se sigue hablando de "aumento de la edad de jubilación" y de "recortes de las prestaciones" y otras lindezas.

No puedo sustraerme a la sensación de que nos están vendiendo una moto, de que a alguien se le ha escapado de las manos este juguete diabólico con el que algunos científicos locos juegan, financiados por siniestros personajes que deberían ser erradicados por su canallesca intención. Mientras tanto, la otra gran mayoría de científicos, los sanitarios, los limpiadores, los transportistas, los policías, los militares, los voluntarios y demás héroes tienen que jugársela para solucionar el desaguisado.

Y a todo esto, muchos políticos aún manipulan con sus intereses partidistas, víctimas, más o menos inconscientes, de los auténticos poderes que están siempre en la sombra y son inhumanamente económicos. Y ya de paso: nada han hablado de aplicarse un ERTE nuestros senadores, diputados, casa real y otras autoridades que en su mayoría —salvo algunos que están trabajando incansablemente— no están trabajando en absoluto. Si sus emolumentos provienen del erario público, en nada se dañaría la economía si cobrasen tan sólo una parte de sus altos salarios. Pero no, ellos no; todos los demás sí, algunos hasta la extenuación.

¿El remate?: todos los pobres mortales, zarandeados por el infortunio y manipulados como siempre, que mereceríamos algo mejor, pero que no lo tenemos porque somos tan sólo números que votan con una chapa en el pecho que dice: "carne de cañón".

© 2019 Encomienda Mayor de Castilla. Todos los derechos reservados.Diseño y Desarrollo por José Julián

Search