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‘¡Vaya género!’

Casi con toda seguridad, usted lector asiduo de esta publicación, es posible que haya tenido la frustrante experiencia doméstica de apretar un tornillo en exceso y ‘pasarlo de rosca’ con el consiguiente problema añadido no sólo de no conseguir el objetivo de la tarea, sino de haber creado un problema de difícil solución donde no lo había.

Algo muy similar está ocurriendo en España y en gran parte del mundo con un asunto muy importante que se está viendo utilizado y manoseado por una parte de la clase política que se arroga para sí la defensa y la verdad única en la materia, sin aceptar ni consentir opiniones discrepantes que son tachadas poco menos que de medievales, vamos que o sigues la opinión del rebaño, o eres un borrego más, pero apestado.

Desde Dña. Emilia Pardo Bazán y Concepción Arenal, exponentes preclaros de un feminismo cabal, razonado y razonable, hasta las hordas de tiorras que vemos en la actualidad como adalides del ‘hembrismo’ radical y absurdo, hemos ido los españoles degenerando de forma abrumadora. Pero busquemos el origen de toda esta vorágine absurda y entenderemos el porqué del ‘tsunami’  hembrista que arroya todo a su paso.genero

Esta corriente de pseudofenimismo militante, nace y crece al albur del incremento en los asesinatos de mujeres a manos de hombres, y nunca en el caso contrario que sean hombres las víctimas. A mi entender, sea quien sea la víctima de un asesinato el crimen es igual de condenable. ¡Pues no!, ¡ahora tenemos leyes que castigan en función de lo que tenga uno entre las piernas! Sigamos con el análisis que lo vamos a entender mejor.

Se da la extraña coincidencia que el aumento de estos crímenes (de hombres sobre mujeres), se ha producido paralelamente al aumento de foráneos en España, y es conveniente recordar que en la inmensa mayoría de los países de procedencia de estas personas, el respeto por las mujeres es inexistente en el mejor de los casos. ¿O es que en los países musulmanes la mujer goza de los mismos derechos que sus contrarios? ¿En qué países se apedrea hasta morir a una mujer? ¿Qué religión acepta mutilar los genitales de las mujeres? No sean hipócritas ustedes señores políticos de la izquierda comunista, y no sean tan cobardes ustedes los de la derecha liberal, no prejuzguen a los hombres españoles ni manipulen a la sociedad.

¿Se ha percatado usted, lector de estas humildes letras, de la omisión que hacen los medios de comunicación de la nacionalidad de los agresores o asesinos de mujeres cuando no son españoles? Hace pocas fechas un grupo de indeseables de origen hispano, forzaron a una muchacha… ¿Han recibido el mismo trato mediático que la cuadrilla de ‘sanfermineros’ sinvergüenzas que abusaron de otra chica? Noooo, claro que no. Porque los de San Fermín eran españoles y ¡Guardias Civiles! Y eso es ya… crimen de Lesa Patria. Tan criminal y mezquino es uno suceso como el otro, pero los medios y la escoria política por acción u omisión, no dan el mismo tratamiento a dos sucesos iguales.

Unido a todo este desenfreno hembrista, está el ridículo espantoso que hacen muchos políticos al torcer la postura y retorcer el español hasta crear términos tan absurdos como ‘portavoza’, ‘miembra’, y competir por ser el más feminista entre los y las feministas, y ¡feministos claro!

Pero es que además, los legisladores han querido hacer de comparsa del nuevo comunismo de género y han alumbrado una ley por la cual en función de la entrepierna del agresor, la pena por según qué delitos, varía y se reduce si la agresora es una mujer. ¿Y dónde ven aquí la igualdad?...

Cuando Dña. Emilia Pardo Bazán y Concepción Arenal iniciaban con un mérito inigualable la lucha por la igualdad de derechos, lo hacían desde el convencimiento de que a pesar de que hombres y mujeres somos por definición diferentes, sólo somos eso, diferentes. Pero no superiores unos ni inferiores otros, y mucho menos ante la ley donde todos, se supone, debemos ser iguales sea quien sea el agresor o la víctima.

Con tanto manosear y utilizar la igualdad y el feminismo militante, lo único que consiguen es poner el foco en las diferencias entre hombres y mujeres, y no precisamente en nuestras semejanzas. Ambos sexos somos diferentes sin que eso quiera decir inferioridad o menor capacidad para realizar las mismas tareas, faltaría más. El comunismo de género está creando un problema donde no lo había y criminalizando, con la ayuda inestimable de algunos medios de comunicación, al hombre español tan generoso y tan lleno de buenas virtudes.

Estará usted conmigo, querido lector, en que se está pasando de rosca el tornillo feminista de género y el problema que se está creando ni existía, ni será fácil de arreglar.

David Fernández Magro

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